miércoles, 20 de abril de 2016

CRUCIGRAMAS

La posibilidad del conocimiento

Protágoras





Filósofo griego 



"El hombre es la medida de todas las cosas" 

"Confieso que soy sofista y que instruyo a los hombres. Oh jovencito! Si vienes a mi aprenderás lo que realmente deseas aprender y no como con los otros sofistas, como Hippias (que te enseñaran, en contra de tu deseo, ciencias físicas y no éticas). Aprenderás sobre los asuntos familiares y sobre el estado".

Nació en el 485 a. C. en Abdera, Tracia.

Se trasladó a Atenas, donde llegó a ser amigo de Pericles y ganó fama como maestro y filósofo. Fue el primero en llamarse a sí mismo sofista y en enseñar a cambio de dinero recibiendo grandes cantidades de sus alumnos. Enseñó gramática, retórica e interpretación de la poesía.


Sus principales obras, de las que sólo perduran algunos fragmentos, fueron tituladas Verdad ySobre los dioses. El fundamento de su filosofía fue la doctrina de que nada es bueno o malo, verdadero o falso, de una forma categórica y que cada persona es, por tanto, su propia autoridad última; esta creencia se resume en su frase: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son". Protágoras criticó las supersticiones y los ritos religiosos de su tiempo, pero mantuvo siempre una postura agnóstica y escéptica, no atea. Dos célebres diálogos de Platón, Teeteto y Protágoras, rebatieron las doctrinas de Protágoras. Entre sus labores profesionales se le encomendó la elaboración de un código penal para Turios.

Fue acusado de impiedad por lo que hubo de exiliarse pereciendo ahogado, se cree que en el 411 a. C., en el transcurso de un viaje a Sicilia. 




Gorgias

Gorgias

(Leontini, c. 487 - Larisa, c. 380 a.J.C.) Filósofo griego. La vida de Gorgias, nacido hacia 487 a.C. en Lentini, Sicilia (vivió 108 años en perfecta salud física), estuvo marcada por fuertes alternancias de éxitos y fracasos: viajó por toda Grecia ejercitando con gran éxito el arte retórico, acumuló una ingente fortuna económica y dirigió la formación de numerosos seguidores. Lo acompañó una merecida fama de dialéctico capaz de desarrollar razonamientos aplastantes para sostener opiniones muy alejadas del buen sentido y de los comunes valores; por ejemplo, que nada existe, su tesis más célebre, o bien que Elena, la adúltera responsable de la guerra de Troya, no fue culpable.
Gorgias fue el más admirado maestro de retórica de la antigua sofística. Los sofistas, literalmente los sabios, es el nombre que recibió un grupo de intelectuales que en la Atenas de mediados del siglo V empezó a hacer del saber una profesión impartiendo, con gran escándalo de los filósofos, lecciones de retórica y elocuencia a los jóvenes de la clase dirigente que pretendían dedicarse a la carrera política. Dado que la prestación de servicios pagados estaba mal considerada por los ciudadanos atenienses de buena condición social, los sofistas fueron tratados con desprecio por la élite intelectual.
El relativismo cognoscitivo sostenido por los sofistas, según el cual no hay ninguna verdad absoluta sino sólo un enfrentamiento entre opiniones diversas, acabó por conceder una importancia extraordinaria a la retórica, el arte del discurso y de la persuasión, la capacidad de vencer en la polémica más allá de la intrínseca bondad de las propias razones. No hay que infravalorar la importancia del movimiento sofista en la historia del pensamiento: fueron ellos los primeros en situar los problemas del hombre en el centro de la reflexión filosófica, anticipando la inminente revolución socrática.
Los rasgos característicos de la figura de Gorgias que nos han sido transmitidos por los testimonios clásicos se encuentran admirablemente fundidos en el diálogo platónico que se titula justamente con su nombre. En GorgiasPlatón nos presenta al viejo retórico que, en la cumbre de la fama y de la gloria, se jacta con solemnidad y suficiencia de su habilidad como improvisador y exalta el poder maravilloso de la 

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